Investigadores trabajan para desarrollar materiales alternativos al plástico

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Tienen que pasar entre 100 y 1000 años para que un producto hecho con plástico logre degradarse. Es por eso que está considerado como un material de descomposición muy lento y a largo plazo. Por ejemplo, se calcula que un siglo y medio tarda en desintegrarse una bolsa de plástico mientras que una botella puede tardar hasta medio milenio.

En la actualidad, casi todo lo que nos rodea contiene plástico o derivados. Se trata de un material funcional, barato y con uso muy extendido pero, al mismo tiempo, es un gran factor de contaminación.

Diferentes son los proyectos que han surgido para reducir su utilización, para reciclarlo y también para hallar materiales alternativos más amigables con el ambiente. Tal es el caso de la investigación que desarrollan científicos y científicas del Conicet en el Laboratorio de Polímeros y Materiales Compuestos (LP&MC) del Departamento de Física de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

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El film biodegradable que están desarrollando se degrada en menos de un mes.

Allí elaboran films biodegradables en base a almidón de mandioca, de papa y de maíz a través de una máquina extrusora comercial de tamaño medio, con posibilidades a futuro de una elaboración a escala industrial. Este año comenzaron a hacer los primeros ensayos con esta mezcla y obtuvieron buenos resultados. El objetivo es contar con materiales biodegradables, funcionales, y que tengan una actividad que mejore al producto envuelto.

En diálogo con LU5, Lucía Famá, Doctora en Ciencias Físicas e investigadora del Conicet y la UBA, destacó que el producto en el que trabajan tarda solo cuatro semanas en degradarse. “Son biodegradables en menos de un mes y no dejan microplásticos como sí sucede en general con los plásticos”, detalló Famá.

Estos films biodegradables logran realizar su proceso de descomposición en contacto con la humedad. Por eso, es un material ideal para sellar, envolver y conservar productos secos como condimentos, hierbas, sal y también productos oleofílicos.

Además, con el material más nuevo que están estudiando en el LP&MC con mezclas de almidón con polímeros como el ácido poliláctico, en el futuro podrían reemplazar a los envases de plástico que se suelen utilizar en los negocios de venta de comida como las rotiserías.

Por otro lado, la investigadora ponderó el trabajo de valor agregado que se le da a la producción de mandioca con este proyecto. “Hay muchos productores de mandioca en la región del Litoral y la fécula de mandioca es un componente que no tiene una gran comercialización, no se llega a completar su venta”, comentó Famá y añadió: “como muchas veces se desperdicia, lo que buscamos también con esta investigación era generar y dar valor agregado a un producto nacional”.

Además de trabajar con almidones, en especial con el de mandioca, realizaron pruebas con harina y fécula junto con distintos componentes. Uno de los últimos trabajos fue el estudio de películas a partir de salvado de avena y salvado de trigo que se pudieron procesar mediante la extrusión y generar films.

También están trabajando con mezclas de almidón y otros polímeros, como el ácido poliláctico que es un material biodegradable más resistente que el almidón por lo que se puede generar un material mucho más elástico y resistente a la fuerza aplicada.

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